Un jugador sabe que, a largo de su vida como tenista, debe aprender sobre técnica, táctica, estrategia y gestión emocional.
Sin embargo, hay algo que nadie le dice.
Nadie se atreve a decirle, para no desmotivarlo, que también tiene que aprender a sufrir.
Sí, a sufrir.
Porque se sufre, al entrenar bajo más de cuarenta grados de calor en verano.
Se sufre, practicando con un el frío polar.
Se sufre, cuando se entrena bien y el día del torneo se juega pésimo.
Se sufre, pues se dejan muchas cosas de lado por dedicarse al deporte.
Ahora bien, el que aprendió a sufrir es el que entrena con ganas, aún reinando un calor extremo.
Quien aprendió a sufrir, es quien logra ganar aunque juegue mal.
El que aprendió a sufrir es el que deja de lado la recompensa inmediata, ya que tiene la mirada puesta en un premio mayor que se encuentra al final de un largo camino y que, si lo alcanza, compensará todos sus esfuerzos y sacrificios.
Porque el tenista que no aprendió a sufrir abandona, ya que el tenis es demasiado duro.
Quien no aprendió a sufrir, no hace un esfuerzo extra cuando siente que ya no puede más.
El que no sabe sufrir, no corre hasta la última pelota, ni es capaz de devolver bolas imposibles.
Quien no aprendió a sufrir, no da vuelta partidos “perdidos”.
El que no aprendió a sufrir no acepta que le recalquen y corrijan sus defectos y errores.
El que no sabe sufrir, no posee la humildad necesaria para cambiar y alcanzar su mejor versión.
En el tenis, el jugador que compite que no aprendió a sufrir, está perdido.
Saber sufrir es tan importante como tener un buen derecho, revés, volea, servicio, remache o condición física.
Sufrir es un verbo que atemoriza y que a nadie le gusta.
A mí tampoco.
Pero a lo largo de la vida, en ocasiones, toca sufrir nos guste o no.
Así que es mejor saber lidiar con el sufrimiento, porque en ciertas oportunidades no podemos escapar de él.
Y una cancha de tenis es, para los amantes de ese deporte, el mejor lugar para mirarlo a la cara, conocerlo y aprender a enfrentarlo.
Una cancha que a veces se asemeja al paraíso y otras, al infierno.