No apunto al mejor tenista.
Hablo del que entrena con mayor empeño, el más obediente y respetuoso.
¿Es ése el más popular y querido entre sus compañeros?
En general, por lo que he visto durante años, la respuesta es no.
También lo sé, porque una academia, o escuela de tenis, se parece a un colegio: en ambos lugares existe un grupo de alumnos, con diversas características, que debe convivir.
Y en el colegio, el mejor alumno del curso rara vez es el más querido y popular.
Más bien es objeto de burlas. Resulta discriminado pues hace lo correcto: estudia, cumple con sus deberes y es educado.
Lo llaman “perno”. Lo descalifican por ser un ejemplo.
El mundo al revés.
¿Por qué se burlan de él si es el mejor?
Porque es superior, diferente, escapa a la media.
Y todo cuanto se halla sobre el promedio, es visto por el grupo con rechazo.
Habitualmente, destacar acarrea un costo alto, ya que el rebaño ama la mediocridad, detestando el esfuerzo y éxito ajeno.
Los que conforman el grupo siente una profunda e indisimulada envidia cuando alguien deja de ser como ellos y alcanza la excelencia, porque la inmensa mayoría ni siquiera se atreve a intentarlo.
Esto, que sucede con frecuencia en los colegios, también ocurre a veces con ciertos buenos alumnos, en algunas academias o escuelas de tenis.
Entonces, el profesor debe mantenerse atento no solo a las correcciones técnicas y tácticas, sino que a las relaciones personales entre los tenistas.
Proteger, si es necesario, al que es molestado por hacer las cosas bien. Y reprender y reformar a quienes son hostiles.
El entrenador tiene que lograr que impere la justicia y el respeto entre los jugadores.
Y, además, recordar que la justicia no consiste en darles a todos lo mismo, sino que a cada uno lo que merece.
La discriminación, bullying o maltrato usual se enfoca en alguien con falencias.
Eso no me gusta, pero siempre ha sido así.
Pero también se aísla, segrega o perjudica al que posee capacidades elevadas, inalcanzables para el grupo.
A menudo, el rebaño castiga sin piedad a quien no se asemeja a sus integrantes.
Por sus virtudes o defectos.