Tengo la certeza que el entrenador de un jugador que compite, debe inculcarle algo que según mi experiencia a los tenistas, en general, los aburre: reflexionar.
El coach tiene que enseñarle a pensar a su alumno, para que sepa por qué ganó o perdió un partido, sin necesitar que se lo expliquen.
El entrenador debe enseñarle a reflexionar al jugador en formación, para que encuentre soluciones por sí mismo al planteamiento táctico de su rival.
Para que cuando las cosas vayan mal en un torneo, no mire con desesperación clamando la ayuda de su entrenador, como si esa fuera su única salida.
Porque, ¿qué pasa si el coach no está ahí para decirle qué hacer?
Tal como el derecho, el revés, el servicio o la condición física, pensar o reflexionar es un aspecto que se entrena.
El tenista tiene que comprender cómo se realiza un análisis: por dónde empezar, cómo se desarrolla y de qué forma se termina.
Un jugador habituado a pensar, se da cuenta de lo que sucede en la cancha.
Sabe leer por qué está siendo superado por su oponente, y traza un plan para revertir ese escenario.
Quienes no han forjado ese hábito, cuando las cosas no se les dan solo dependen del apoyo externo.
Y si esa ayuda no llega juegan a la deriva, cayendo en la frustración.
Porque no son autónomos, ya que su percepción táctica, proveniente de su capacidad reflexiva, no se encuentra desarrollada.
No son muchos los entrenadores que enseñan a pensar a sus alumnos porque, como no se trata de algo divertido y no hay risas de por medio, temen que se fastidien y se vayan.
Bueno, a mí me parece bastante más aburrido no entender qué pasa en la cancha, no comprender el juego, y ser solo un jugador que le pega bien la pelota, si es que le pega bien.
Hoy reina la respuesta inmediata, y la emocionalidad desbordada, ante cualquier estímulo.
Por eso tengo claro que, para muchos, quien se toma el tiempo de analizar y reflexionar sobre una situación adversa, en la vida o en el tenis, puede ser tildado en la actualidad de extraño y latero, ya que no hace lo primero que se le viene a la cabeza, sino que adopta una decisión pensada, con fundamentos.