“No me salía nada”, afirmó Cristian Garín, como si hubiera jugado solo.
Como si todo pasara solo por él, como si al otro lado de la red no hubiera habido un rival, como si su oponente no hubiera hecho méritos para ganar.
Garín no mencionó lo hecho por su oponente en su declaración, y eso que se trataba de Rafael Jodar (una figura de talla mundial), como si no hubiera habido nadie más en la cancha.
De acuerdo al análisis de Garín, sólo estaba él en el court central Anita Lizana.
Decir, “no me salía nada”, no constituye una sana autocrítica de su parte, sino que apunta a que la causa del descalabro fue un mal día, que le impidió rendir como le hubiera gustado.
Entonces, según él, la culpa la tuvo la suerte.
Pero la dura realidad, aunque duela, es que su adversario fue demasiado para él.
Si Garín hubiera tenido un gran día, y hubiera jugado como nunca, lo más probable es que perdía igual.
Puede que no le hubieran dado la paliza que le propinaron, pero creo que su máximo nivel actual no le alcanzaba para imponerse a Jodar.
Ante las derrotas lo mejor, pues es lo más noble, honesto y realista, es reconocer que te ganó un tenista superior.
Porque algo debe haber hecho mejor que tú, para quedarse con la victoria.
De lo contrario no habría ganado, obvio.
Lo demás suena a excusa de jugador de club, repetida e inmadura.
El problema es que en Chile, sobran las excusas.
Garín solo fue el reflejo de un rasgo muy marcado entre la población de nuestro país.
Vivimos en un mundo de fantasía, con la realidad distorsionada, en el que se culpa a cualquier cosa, menos al auténtico origen del error, derrota o fracaso.
Quienes habitan esa nube, o mundo paralelo, niegan con desplante hechos irrebatibles con las excusas más insólitas, ridículas y vergonzosas.
Eso se explica porque vivir en ese mundo de fantasía, en el que no se reconocen errores, ni culpas, es bastante menos doloroso que ver las cosas cómo son de verdad.
La ventaja de quienes viven en el cruel mundo real, radica en que no buscan excusas para no corregir errores, ni justifican lo injustificable.
Y eso les abre la posibilidad de mejorar.