Algunos padres inscriben a sus hijos en torneos, aunque no les guste participar en campeonatos.
Y eso parece un error rotundo y dañino.
Pero creo que depende del objetivo que se persiga.
Me parece que los padres se equivocan cuando obligan a competir a sus hijos, solo con el fin que ganen partidos, alcancen el éxito deportivo y se transformen en buenos jugadores.
A lo mejor no lo saben, pero competir genera un estrés enorme.
En general, los niños se ponen nerviosos antes del partido, por la ansiedad que genera un club y rival desconocidos, junto a la posibilidad de perder y decepcionar a sus padres.
Y muchos niños no saben cómo gestionar emociones que los sobrepasan.
No son pocos los que, durante el encuentro, no logran traspasar a la cancha lo entrenado.
Incluso, sienten un cierto alivio cuando el partido termina pese a ser derrotados, pues desaparece la tensión que los invadía.
Entonces, soportar todo lo anterior sin tener ganas de competir, es complicado para un niño.
Sin embargo, me parece válido instar o motivar a competir a un niño, si lo que se persigue tiene un sentido más profundo que solo el éxito deportivo.
Sí, porque los torneos enseñan a competir.
¿Y cómo se aprende a competir?
Compitiendo.
No existe otra forma, pues se trata de algo que no se aprende desde la teoría, ni en un ensayo, sino que a través de la práctica, exponiéndose a ese estímulo.
Saber competir resulta clave ya que en la vida, y no solo en la cancha de tenis, hay que competir.
No queda otra, porque el sistema así lo impone.
Lamentablemente, se debe competir para todo: un cupo en un colegio en la niñez; un lugar en la universidad durante la adolescencia, o un trabajo ya de adulto, por dar algunos ejemplos.
La competencia es despiadada, en la mayoría de los ámbitos de la vida.
Por lo tanto, no me parece mal que se obligue a participar en torneos a un niño, si lo que se busca no son victorias, ni trofeos, sino que adquiera la habilidad de competir, algo clave para su desarrollo personal.
Y ya que en la vida hay que competir, nos guste o no, ¡qué mejor que aprenderlo a través del tenis!