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Columna de Arturo Núñez: “Optimismo tóxico”

Publicado: octubre 02, 2026
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Columna de Arturo Núñez:

Lo siento, pero no creo en frases como nada es imposible o vamos que se puede, cuando el panorama es absolutamente adverso.

Tal vez me “hace falta fantasía para no morir de realidad”, pero me doy cuenta cuándo las cosas son posibles y cuando no, y cuando se puede y cuando no.

No me considero pesimista, sino realista.

Entonces, sé que hay partidos que se van a perder.

El rival resulta tan superior, que no hay mucho que hacer.

Se dice que en un partido puede pasar cualquier cosa, pero a veces lo único que puede pasar, salvo que el adversario se lesione o suceda un milagro, es que se caiga derrotado.

Pienso que se debe dejar de lado el ultra optimismo crónico, ya que resulta tóxico y engañador.

Si siempre se cree que todo va a salir bien, aunque las posibilidades sean casi nulas y uno no se plantee otra opción, los fracasos dolerán mucho más pues aun siendo obvio lo que ocurrirá, el súper optimista profesional es el único que no lo espera o ve venir.

Entonces, cuando se enfrenta a un oponente demasiado superior, se debe hacer todo lo posible por ganar, pero la victoria no puede ser el único objetivo.

La meta tiene que ser aprender del rival, no caer en un desorden táctico haciendo cualquier cosa y mantenerse tranquilo, digno, mientras pasa la aplanadora que se encuentra al otro lado de la red.

En este tipo de partidos, el triunfo radica en conseguir que sea el oponente el que gane los puntos, y no ser uno quien los pierda forzando nuestro juego para igualar la velocidad de pelota del rival.

No llenarse de errores no forzados cuando no se puede ganar, constituye un objetivo alcanzable y medible.

Si eso se consigue, se puede estar orgulloso y corrobora que hasta de las derrotas más ignominiosas se pueden rescatar aspectos positivos.

A todos alguna vez nos han dado una paliza de proporciones.

Y aunque no resulta placentero, es saludable.

Porque un baño de realidad nunca viene mal.

Algunos se hunden ante una derrota humillante.

A otros, en cambio, los motiva a entrenar más y mejor, para acercarse al nivel de quien los vapuleó.

Todo depende de cuán fuerte se es mentalmente.

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