¿Quién siente mayor presión?
¿El que está con punto de partido en contra? ¿O el que lo tiene a favor?
Quien está match ball en contra siente miedo, pues con su próximo error se acaba el partido.
Al que tiene punto de partido a favor lo invade la ansiedad por capitalizar la única opción que, tal vez, dispondrá para triunfar.
Ambos están en la cuerda floja.
El que está por ganar, se encuentra cerca de alcanzar el alivio, la satisfacción y la felicidad de la victoria.
Quien está por perder, se halla a un paso de caer al precipicio, de precipitarse a ese oscuro pozo llamado derrota.
Nunca ha sido sencillo cerrar un encuentro. Jamás ha sido fácil levantar un match point.
En el tenis todo es difícil. Muy difícil
Por eso, no existen los partidos “que no puedes perder”.
Tampoco los que “que tenías ganados”.
Y menos, las pelotas “fáciles”.
Esas tres expresiones que se escuchan a menudo son dañinas, porque son falsas.
Y como en el tenis todo resulta complejo, para mantenerse motivado, un tenista necesita al menos una victoria diaria.
Puede ser un progreso técnico, táctico, físico o mental.
El triunfo cotidiano de un jugador puede darse por acciones, pero también evitando errores.
El tenista gana cuando no se sale de la dieta; teniendo buena actitud ante un ejercicio que no le gusta; no respondiéndole mal a su entrenador, aunque lo desee; entrenando en silencio cuando juega mal, o su partner falla demasiado.
El tenis es un viaje largo, complicado y con turbulencias aseguradas.
Se trata de un viaje externo e interno.
Es hacia afuera, porque en el recorrido enseña a superar situaciones y rivales.
Pero también hacia adentro, ya que en la travesía aprenderás a conocerte, con tus virtudes y defectos, potencial y limitaciones.
El triunfo y la derrota moldearán tu carácter, mente y alma.
Y el entrenamiento técnico y físico esculpirán tu cuerpo.
El tenis es un viaje heroico.
Es como una película, cuyo argumento mezcla felicidad y drama. Lágrimas de tristeza y alegría. Decepciones y éxitos. Justicia e injusticia.
Pero siempre es una odisea para la que vale la pena reservar pasajes.